¿Ya has observado los árboles que hay en el bosquecito? ¿Has visto las flores que crecen en el jardín del colegio, en el jardín de tu casa?, ¿has visto las formas tan maravillosas?, ¿la variedad de colores y la manera tan armoniosa en que se combinan? ¿Te has detenido a observar?
Vivimos tan centrados en lo que hacemos en el día a día que nos perdemos de tantas cosas, porque estamos sin estar, con esto quiero decir que vivimos en un mundo acelerado, el celular, el colegio, las tareas, las responsabilidades. Pasamos tan ajetreados, tan ocupados, tan apresurados que no dejamos tiempo para mirar con atención lo que nos rodea, nos encerramos en nosotros mismos, y nos perdemos de entender que este mundo es una maravilla, que este planeta es un milagro de vida y que nosotros somos parte de él.
Si nos detuviéramos por un momento a observar la naturaleza, a contemplar la luna, que algunas noches parece una postal en el cielo, si nos detuviéramos un momento a contemplar el vuelo de una abeja, que teniendo las alas tan pequeñas en relación con su cuerpo vuela sin dificultad.
¿Te has detenido a escuchar la lluvia? ¿Has sentido el olor a tierra mojada?, o ¿has visto cómo un colibrí mueve las alas?
Estamos rodeados de milagros por todas partes, nosotros mismos somos un milagro.
El contemplar es algo que está en nosotros cuando somos niños, es esa cualidad que tiene un niño, mientras mira absorto las hojas de los árboles, pero cuando crecemos la vamos perdiendo. Estamos tan inmersos en la modernidad, que nos absorbe, la vida nos hace caminar en un espiral interminable de responsabilidades y distracciones, que muchas veces nos apartan de poder apreciar lo que nos rodea.
Por eso te digo: alto, detente, aprende a ver, pero no solo a ver, tómate el tiempo para observar, para reconocer, para apreciar, para sentir y para agradecer.
Para reconocer la belleza que nos rodea en múltiples manifestaciones como el amanecer, el ocaso, las flores y el arcoíris.
Para apreciar la majestuosidad de la creación en toda su obra.
Para sentir, esa sensación de asombro que provoca el océano, el cielo nocturno y las montañas.
Para agradecer la vida, la creación, para agradecer que somos millonarios, debido a que somos un milagro rodeado de milagros.
Contemplar no es perder el tiempo, es recuperarlo, es redescubrir lo que hemos dejado de apreciar, por eso, vive, siente, disfruta, agradece.
Las luces de la ciudad opacan las estrellas, pero que eso no te impida el poder contemplarlas.
Por: Sara Fidelina Alvarado Rosas
Estudiante de 2° año de bachillerato